Estos días he estado promocionando mi novela El desahuciado de Nayeli Gutiérrez, no solo en Plumasy, sino también en grupos de Facebook. Y me di cuenta de algo que se repite como una mala canción: la mayoría de los grupos dirigidos a escritores comparten un mismo denominador común… escritores y egoísmo.
En México hay un dicho muy claro:
De que lloren en tu casa a que lloren en la mía, prefiero que lloren en la tuya.
Traducido al idioma escritoril significa algo así:
¿Por qué debería apoyarte? Eres mi competencia. Si a ti te va bien, existe la posibilidad de que a mí no me vaya tan bien.
Es triste, sí. Pero también es una verdad incómoda.
Si existe una comunidad tóxica y profundamente egoísta, es la de los escritores independientes. No porque sean malas personas, sino porque el sistema está mal diseñado. El pastel es pequeño y los invitados somos demasiados.
Desde ahí nace el verdadero problema: la promoción entre escritores no funciona. Porque al final del día, tú que me estás leyendo probablemente seas mi competencia. Y aunque no lo digas en voz alta, cuando ves publicidad mía o de cualquier otro autor, tu cerebro piensa:
“¿Leerte? ¿Por qué debería darte números?”
No es odio. Es supervivencia.
Por eso siempre insisto en lo mismo: dejemos de promocionarnos entre escritores y enfoquémonos en los lectores.
Sí, ya sé el cliché de siempre: “para ser escritor debes ser lector”. Perfecto, nadie lo niega. Leer viene incluido en el paquete. Pero el público no es el mismo.
Un escritor busca publicar.
Un lector busca una historia.
No podemos seguir dirigiendo nuestra promoción a personas que quieren exactamente lo mismo que nosotros, porque el egoísmo humano hará que ese esfuerzo sea inútil. El marketing no falla: simplemente está mal dirigido.
Si quieres vender historias, habla con quienes quieren leerlas.
No con quienes están peleando por el mismo pedazo de pastel.