El ser humano puede ser cruel sin proponérselo. A veces hiere sin darse cuenta, otras veces hiere y sigue caminando.
A mí me dolió. Mucho.
No escribo esto para señalarla ni para manchar su nombre. Aún la amo, y quizá siempre lo haga. Aunque no lo crea ella —aunque no lo crean ustedes—, fue mi todo durante mucho tiempo y lo sigue siendo en alguna parte de mí.
Pero el amor no borra las lecciones.
Aprendí que a veces no te rechazan por lo que haces, sino por lo que eres. Que para algunos siempre serás un par de ruedas antes que una persona. Que tu cuerpo pesa más que tu voz, que tus sueños, que tu capacidad de amar.
Es triste. Es injusto. Es real.
La vida no siempre se corrige, no siempre se disculpa. Solo avanza, imperfecta y áspera, y uno aprende a fluir con ella como puede.
Yo sigo aquí, existiendo en un mundo que muchas veces me ve incompleto.
Una existencia dura, sí.
Pero también una donde incluso un par de ruedas puede querer bailar.
