Rita y Katarina, las hermanas Flame… ¿las ubicas? Tienen más en común de lo que parece, aunque discutan como si el Infierno se fuera a quedar sin eco. A pesar de todo, ambas hermanastras se profesan un cariño profundo. Son, sin exagerar, el pilar emocional la una de la otra.
Algo que comparten con entusiasmo casi religioso es su gusto por el ejercicio. Aunque la diferencia física entre Rita y Kata es evidente, todo se reduce a enfoques distintos. La pelirroja entrena para ganar fuerza y poder repartir golpes con mayor eficiencia. La rubia, en cambio, lo hace para verse sexy en todo momento. Prioridades, le dicen.
Y eso nos lleva al siguiente punto inevitable: su vanidad. Sí, ambas Flame se consideran la última Coca-Cola del desierto, y no tienen pudor alguno en demostrarlo. Su amor propio roza peligrosamente la soberbia, ese pecado capital que en el Infierno puede enviarte directo a conocer a Santa Zafiro. Puedes imaginar el trabajo titánico que tiene Joseph intentando mantener a raya a dos mujeres con el ego por las nubes.
La cosa llega a tal extremo que no pueden salir a ningún lugar sin maquillarse. El único escenario donde prescinden de ello es en plena guerra o durante misiones de alto riesgo. No por modestia, claro, sino porque el maquillaje podría arruinarse, y eso sí sería imperdonable.
Como dato curioso, la soberbia de las Flame se refleja con claridad en el capítulo “Salvadora”, donde ambas sienten un miedo genuino a morir… no por la muerte en sí, sino por considerarse demasiado bonitas para algo tan vulgar.
Y si aún te preguntas quién es la más vanidosa de las dos, la respuesta es Katarina. Basta con leer ciertos capítulos de la novela, donde no pierde oportunidad de elogiar su propio físico con una devoción digna de culto.
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