Hoy toca descender un poco más.
En esta entrada quiero hablarte del Infierno dentro de mi novela. Aunque gran parte de la historia transcurre en San Francisco, el mundo infernal está siempre presente, respirando entre las sombras de la trama. Sin embargo, no hubo muchas oportunidades para explorarlo a fondo —solo se asoma en algunos capítulos, como un reflejo rojo entre la neblina—.
Así que, antes de seguir con los ángeles, exorcistas y guerras de fe, hagamos una pausa para mirar hacia abajo… hacia donde todo comenzó.
Lilith
Lilith es la capital del Imperio de Joseph y la ciudad más grande del Infierno. Es el corazón político, cultural y espiritual de los demonios, además del escenario principal de todos los capítulos infernales de este primer tomo. Su nombre, por supuesto, es un homenaje directo a Lilith, la primera esposa de Adán —la mujer que eligió el exilio antes que inclinar la cabeza—. En esta ciudad, su legado no se reza: se celebra.
Fertilitas Montes
A tan solo media hora en auto (o quince minutos a alas abiertas) se alzan las Fertilitas Montes, un conjunto montañoso tan imponente como sagrado para los inferneses. Según las creencias más antiguas, este es el lugar ideal para las parejas que buscan descendencia. Y aunque en tiempos modernos el mito ha perdido peso, la tradición sigue viva: miles de demonios siguen peregrinando cada año con un solo propósito —procrear bajo la bendición de las montañas.
Sus paisajes son tan desbordantes que incluso los más cínicos terminan contagiados por cierta sensación de grandeza ancestral. No obstante, la pasión tiene sus reglas, y este territorio está altamente regulado por el velador público y su aprendiz. Sí, adivinaste: parte del trabajo de Rita Flame es asegurarse de que su pueblo pueda coger a gusto y en orden. Pobrecita, nadie dijo que ser funcionaria infernal sería tan… íntimo.
Saphirus Silvae
¿Cansado de la rutina infernal? ¿Harto del caos y los gritos de condenados con estrés laboral? Entonces tu destino ideal sería Saphirus Silvae, también conocido como los bosques de Zafiro. Este rincón del Infierno es un oasis imposible: calma, aire puro y una tranquilidad que parece robada del Cielo (aunque con mejores vistas y menos moralina).
En esta región la paz es ley. Los locales disfrutan de horarios flexibles, vidas largas y, según dicen, una salud mental envidiable. Tal vez sea por la energía del lugar, o porque aquí todo parece moverse a un ritmo más lento, más consciente.
Saphirus Silvae también tiene su peso histórico: es el lugar de nacimiento de Zafiro Lux Alba, la santa pagana del eterno perdón, y donde se levantó la primera iglesia edificada en el Infierno. Por eso no solo es el destino turístico predilecto de los zafiristas, sino también el refugio perfecto para cualquier demonio que necesite procrastinar sin culpa durante un fin de semana.
Así que si alguna vez terminas ahí, no te sorprendas si te invade una sensación extraña: esa cosa incómoda que los humanos llaman paz interior.
Venenum
Lejos del bullicio de la capital, entre desiertos rojizos y planicies metálicas, se alza Venenum, una ciudad tan distante como esencial. Su aparente aislamiento no la hace menos importante: aquí se encuentra El Faro, la torre de comunicaciones más grande de todo el Infierno, una estructura colosal que mantiene conectadas a las distintas regiones demoníacas. Si el Infierno sigue funcionando —si los ejércitos marchan, las órdenes llegan y las ordenes se transmiten— es gracias a esa aguja luminosa que nunca se apaga.
Pero Venenum no es solo tecnología y metal fundido. Es también cuna de historias, una ciudad de ecos y recuerdos. Entre ellos, los de Rita y Sho, quienes nacieron y vivieron aquí hasta los seis años. En sus calles aún se murmura sobre aquellos niños de mirada brillante y destino marcado. Nadie lo sabía entonces, pero ese rincón olvidado estaba dando forma a dos de las figuras más influyentes del Infierno moderno.
Venenum es así: silenciosa, funcional, resistente. Una ciudad que no presume su importancia, pero sin la cual el caos simplemente dejaría de comunicarse.
Iscariot
Iscariot es una ciudad costera donde el mar hierve con sal y azufre, y el turismo nunca duerme. Es un punto de paso obligatorio para cualquiera que viaje por tierra o por barco rumbo a Immortalis Flamma, lo que la convierte en uno de los destinos más concurridos del Infierno.
Pero no hace falta tener boletos a la Isla Inmortal para disfrutarla. Las tabernas sobre el puerto, los mercados nocturnos y las playas rojizas de Iscariot tienen vida propia. Su nombre, inspirado en Judas Iscariote, es un homenaje irónico al único humano que —según yo y la fakin biblia— tuvo el valor de traicionar al hijo de Dios. Aquí, esa traición no se condena: se celebra.
Immortalis Flamma
También conocida como La Isla Inmortal, este es el paraíso infernal por excelencia. Si el Infierno tuviera que escoger un lugar para vacacionar, sería este. Playas negras, cielos eternamente crepusculares y aguas tan cálidas que se dice que el mismo magma duerme debajo.
Es el destino predilecto de los Kateristas, los seguidores de Katherine, la santa pagana del eterno amor. Las parejas viajan hasta aquí antes o después de casarse para pedirle una bendición que asegure un matrimonio próspero —o al menos apasionado—.
En Immortalis Flamma el amor se siente distinto: más ardiente, más sincero, más peligroso. Porque en el Infierno, incluso el romanticismo tiene un costo.
Saxa Cataractarum
Y por último, las Saxa Cataractarum, o Cascadas Rocosas. Majestuosas, violentas y letales. No son solo una maravilla natural: son el corazón económico del Infierno. En este lugar, bajo toneladas de roca ígnea y vapor, se producen las piedras de fuego, la moneda oficial infernal.
Acceder a las cascadas no es tarea sencilla: solo se permite la entrada con un permiso especial —y extremadamente costoso—, lo que convierte al sitio en territorio exclusivo de mineros, nobles y funcionarios del imperio.
Aun así, quienes han logrado verlas aseguran que es una experiencia indescriptible: ríos de magma cayendo en espiral, montañas resonando como tambores, y una sensación de poder tan abrumadora que incluso los demonios más viejos guardan silencio.
En un mundo regido por fuego y fe rota, Saxa Cataractarum y Lilith son los dos pulmones del Infierno. Uno late con política, el otro con poder.
Y con eso, llegamos al final de este recorrido infernal.
Estas son las ciudades más importantes dentro del universo que he construido, cada una con su propio carácter, historia y pecado. Espero que hayas disfrutado este viaje por las entrañas del Infierno tanto como yo disfruté escribirlo.
¿Te quedaste con ganas de más? Puedes leer un poco más acerca de Infierno: la guerra de las creencias aquí:
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