Creo que todos hemos visto la historia de Pinocho, el niño de madera que anhelaba convertirse en un niño de verdad.
Pero esta vez no vengo a hablarles de la versión original de Disney, ni del fallido live action que lanzó la compañía del ratón, sino de la hermosa y desgarradora adaptación del maestro mexicano Guillermo del Toro.
Sinopsis
Esta historia no es la clásica que todos recordamos. En esta ocasión, Del Toro adapta directamente el material original: la novela de Carlo Collodi.
Por eso, debemos prepararnos para una versión mucho más cruda y trágica que la reinterpretación colorida que nos ofreció Disney.
La cinta transcurre durante la Primera Guerra Mundial, en una Italia dominada por el régimen fascista de Benito Mussolini. Desde ese contexto ya podemos imaginar el tono: un mundo moralmente quebrado, impregnado de tristeza, pérdida y autoritarismo.
En medio de ese caos, el hada del bosque da vida a Pinocho, una creación nacida del dolor y la desesperación de Geppetto, quien, ahogado por la tristeza tras la muerte de su hijo Carlo, talla al pequeño en una noche de borrachera.
A partir de aquí, el propósito del niño de madera no será convertirse en “un niño de verdad”, sino conseguir el amor de su creador a cualquier precio.
Personajes y animación
Si algo distingue a esta versión es su animación.
Aunque Del Toro ya había participado en proyectos animados, esta es su primera película dirigida completamente en formato stop motion, y lo hace con una maestría impresionante.
Cada textura, cada movimiento y cada sombra respiran ese sello artesanal que tanto caracteriza al cineasta.
El diseño de personajes es fascinante. La creatividad de Del Toro se nota en cada detalle, desde los rostros humanos hasta las criaturas mágicas que habitan el bosque.
Los escenarios, por su parte, oscilan entre la calidez de los momentos tiernos y la oscuridad de los episodios bélicos, creando un contraste visual potente que refuerza el tono emocional del filme.
En cuanto al elenco de personajes, todos tienen su momento para brillar.
Sebastián J. Grillo, narrador y guía moral de la historia, actúa como contrapunto cómico y filosófico, aunque a veces se siente que podría haber tenido un poco más de peso en la trama.
Aun así, la película mantiene un equilibrio admirable entre protagonistas y secundarios: nadie acapara toda la atención, y eso fortalece la narrativa coral.
Y sí, Pinocho puede ser desesperante.
El niño de madera se comporta como un pequeño malcriado, impulsivo y ruidoso… pero también genuino. Es irritante porque es real. No representa la inocencia idealizada de otros retratos, sino la curiosidad desbordante de un niño que apenas está aprendiendo lo que significa ser humano.
Canciones
La película incluye algunas canciones —no más de cuatro—, pero no esperes un musical.
Cada pieza está bien integrada en la narrativa y cumple una función específica: resaltar emociones, reforzar el contexto o brindar un pequeño respiro entre tanta carga dramática.
Nada está puesto “porque sí”, lo cual se agradece profundamente.
Conclusión
Pinocho es una joya cinematográfica que trasciende su historia conocida para convertirse en una reflexión sobre la vida, la pérdida y la identidad.
Del Toro logra recordarnos tres cosas esenciales:
1. La animación no es un género infantil, sino un lenguaje artístico capaz de contar cualquier historia.
2. No necesitas cambiar quién eres para ser amado. Ser auténtico siempre será más valioso que ser perfecto.
3. La vida es finita. Todos tenemos un inicio y un final, y aceptar esa verdad nos permite valorar mejor el tiempo que tenemos.
Por todo esto, Pinocho de Guillermo del Toro se gana sus merecidos 10 escudos de 10.
Una obra que no solo se mira… sino que se siente.
