Cuando Pixar anunció una quinta entrega, fui de los primeros en pensar que la saga ya había dicho todo lo que tenía que decir. Después de un cierre tan sólido como el de Toy Story 3, más secuelas parecían completamente innecesarias. Sin embargo, esta nueva entrega terminó sorprendiéndome más de lo que esperaba.
Antes de comenzar, vale la pena mencionar que la recepción de la crítica ha sido bastante positiva. Muchos especialistas han elogiado su apartado visual y el protagonismo que adquiere Jessie, aunque también han señalado algunos problemas relacionados con el exceso de subtramas. Curiosamente, esa es una percepción con la que coincido casi por completo.
Sinopsis
Los juguetes están de vuelta. Esta vez, Buzz Lightyear, Woody, Jessie y el resto de la pandilla se enfrentan a un nuevo reto cuando conocen a Lilypad, una nueva tablet que llega con sus propias ideas sobre lo que es mejor para Bonnie.
¿Volverá a ser la hora de jugar como antes?
Sinopsis extraída de FilmAffinity.
Animación
Es raro que critique el apartado visual de una película animada y, una vez más, esta no será la excepción. Podremos señalarle muchos defectos a Pixar, pero si hay algo que sigue dominando como pocos estudios es la animación.
Y aquí, sinceramente, se superaron.
Los materiales de los juguetes, el cabello de Jessie, las costuras de Woody, las líneas de los moldes de plástico, la iluminación... absolutamente todo luce espectacular. Es uno de esos trabajos donde puedes detener cualquier fotograma y encontrar detalles que normalmente pasarían desapercibidos.
Pero hubo un recurso que me enamoró por encima de todo lo anterior.
Cada vez que la película nos muestra la imaginación de los niños, el estilo cambia por completo y adopta una estética inspirada en la acuarela. Es un detalle precioso que consigue recordarte cómo era jugar cuando eras pequeño, esos mundos imaginarios que parecían inmensos y las historias que solo existían dentro de tu habitación.
Solo por ese apartado artístico, la película ya se gana varios escudos.
Cuando el villano no es un personaje, sino el cambio
Podría ponerme filosófico y decir que Toy Story 5 es una crítica a cómo la tecnología ha ido ocupando cada vez más espacio en nuestras vidas desde edades muy tempranas.
Y, siendo honestos... tendría razón.
Pero creo que la película apunta hacia algo todavía más universal.
No habla únicamente de la tecnología.
Habla del cambio.
Habla de descubrir que el mundo sigue avanzando, incluso cuando tú no estás preparado para hacerlo.
Por eso Lilypad funciona tan bien como figura antagónica. No porque sea malvada, sino porque representa todo aquello que Jessie teme: quedarse atrás, dejar de ser relevante y descubrir que existe una nueva forma de jugar que ya no la necesita de la misma manera.
Al final del día, la tecnología no puede detenerse.
Los juguetes cambian.
Los niños cambian.
Las formas de jugar cambian.
Y esa ha sido, en el fondo, la esencia de Toy Story desde la primera película: encontrar tu lugar cuando el mundo deja de parecerse al que conocías.
Opinión
Ahora que ya expliqué por qué considero que Toy Story 5 es una buena película, toca hablar de su mayor problema.
El guion.
Aquí vuelve a aplicarse una regla muy sencilla: menos es más.
La película intenta contar demasiadas historias al mismo tiempo. Por fortuna, la principal funciona bastante bien, pero alrededor de ella aparecen varias subtramas que, aunque entretenidas, terminan compitiendo entre sí por el protagonismo.
Ese exceso también afecta el regreso de algunos personajes clásicos. Sin entrar en detalles para evitar spoilers, hubo decisiones que me hicieron sentir que ciertos cierres anteriores perdían parte de su fuerza emocional. No llegan a arruinarlos, pero sí les restan impacto.
Quien mejor sale librada de todo esto es Jessie.
La película deposita gran parte del peso narrativo sobre ella y demuestra que tiene el carisma suficiente para sostener una historia completa. Su conflicto personal conecta muy bien con el mensaje principal y logra darle una identidad propia a esta quinta entrega.
Lamentablemente, esa misma confianza no parece extenderse al resto del reparto. Algunos personajes importantes terminan teniendo un papel mucho más discreto del que esperaba y acaban funcionando más como apoyo que como verdaderos motores de la historia.
Veredicto
Disfruté Toy Story 5 mucho más que Toy Story 4 a nivel personal.
Sin embargo, cuando pienso en la importancia que tiene dentro de la franquicia, sigo creyendo que esta nueva entrega no alcanza el peso de las primeras cuatro películas.
Da la sensación de que la liga ya está bastante estirada.
Eso no significa que Pixar deba detenerse inmediatamente. De hecho, viendo el punto donde termina la historia, todavía creo que existe espacio para una hipotética Toy Story 6.
Pero no iría más allá.
Si la primera trilogía representó el crecimiento de Andy y la cuarta entrega sirvió como despedida para Woody, esta nueva etapa puede entenderse como el cierre del viaje de otra generación. Dos trilogías para hablar del paso del tiempo, del cambio y de aprender a encontrar nuestro lugar en distintas etapas de la vida me parece un final más que digno para una saga que, tarde o temprano, también tendrá que aceptar que llegó el momento de bajar el telón.
Por ello, mi calificación es de 8.5 escudos de 10.