Una reseña más. Sí, sé que tengo muy abandonado este apartado, pero, como comprenderán, o escribo o reseño; no puedo hacerlo todo. Aun así, por fin estoy de regreso para hablar de un manga que ha estado en boca de muchos desde el anuncio de su adaptación al anime: Ki ni Natteru Hito ga Otoko ja Nakatta.

La adaptación llegará acompañada por "Breed", una de las canciones más emblemáticas de Nirvana, además de incluir otros temas de la banda en su banda sonora. Durante la presentación oficial, Dave Grohl comentó que Franco Escamilla no quizo ser su amigo... digo, que si Kurt Cobain siguiera con nosotros, probablemente habría disfrutado de esta historia. Aunque, siendo sinceros, esa última declaración la tomaría con pinzas: si alguna vez has leído sobre la vida del mítico vocalista, sabrás que era una persona bastante compleja y difícil de sorprender.

Antes de comenzar, me gustaría aclarar algo. Cuando reseño mangas que aún siguen en publicación intento leer la mayor cantidad de capítulos posible para tener una idea más completa de la obra. En este caso llegué aproximadamente hasta el segundo volumen, lo que equivale a unos cuarenta y cinco capítulos. Si más adelante ocurre algún acontecimiento importante que cambie por completo mi interpretación, no dudes en dejarlo en los comentarios.

Además, vale la pena mencionar que esta obra de Sumiko Arai ha sido ampliamente reconocida por la crítica. Ganó el Next Manga Award 2023 en la categoría de manga web y ocupó el primer lugar en la edición para lectoras de Kono Manga ga Sugoi! 2024, consolidándose como una de las series románticas más destacadas de los últimos años. Dicho esto, que una obra sea excelente para la crítica no significa que vaya a conectar de la misma forma con todos los lectores, y ahí es donde entra esta reseña.

Sinopsis

Aya siente interés por "onii-san", el misterioso empleado de una tienda de discos. Sin embargo, la verdadera identidad de ese chico es Mitsuki, una compañera de clase tan invisible como el aire.

¿Acaso este encuentro imposible precipitará un amor predestinado?

Sinopsis extraída de Panini Manga México.

Dibujo

Si me conoces, sabrás que rara vez suelo ponerle pegas al apartado visual de un manga, y esta ocasión no es la excepción. El estilo de Sumiko Arai me parece de los mejores que he visto en mucho tiempo.

Sin embargo, el elemento que le dio su sobrenombre de "el yuri verde" no creo que sea para todo el mundo. Los capítulos son bastante cortos, lo que ayuda a que ese verde tan intenso no llegue a resultar insoportable. En muchas ocasiones funciona como un excelente recurso visual para destacar a los personajes, especialmente en primeros planos o escenas con una fuerte carga emocional.

El problema aparece cuando ese recurso deja de ser puntual y se convierte en una constante. Ahí el color pierde parte de su impacto y termina resultando algo cansado, hasta el punto de que en ciertos momentos sentí que estaba de más.

Personajes

Para este apartado me centraré únicamente en las dos protagonistas: Mitsuki y Aya, siendo la primera quien carga con el mayor peso de la historia.

En mi opinión, ambas están... bien, a secas.

La evolución de las dos está correctamente construida, pero no dejan de ser personajes que ya hemos visto muchas veces. Mitsuki es la clásica chica gótica con rasgos tomboy que arrastra un fuerte complejo de inferioridad porque siente que sus gustos musicales y su personalidad introvertida no encajan con quienes la rodean.

Aya, por otro lado, representa el papel de la chica popular y extrovertida que termina enamorándose de la protagonista gracias a una pasión compartida: el rock. El elemento diferenciador es que, durante buena parte de la historia, Aya cree que Mitsuki es un chico debido a su apariencia andrógina, de ahí el peculiar título de la obra.

No me parecieron malos personajes. Simplemente sentí que el manga apuesta más por ejecutar muy bien una fórmula conocida que por intentar reinventarla.

Opinión

El yuri es un género muy popular, pero también uno que, desde mi punto de vista, se ha ido desgastando con el paso de los años. Hoy resulta complicado encontrar una obra que realmente sorprenda sin sentirse como una recopilación de ideas que ya hemos visto antes.

Soy consciente de que, como escritores, ya no estamos descubriendo el hilo negro. Sin embargo, encontrar una forma distinta de contar una historia sigue siendo importante si quieres destacar entre tantas propuestas similares.

Y ahí es donde, para mí, esta obra se queda corta.

Lo único que realmente sentí diferente fue su identidad visual, especialmente ese característico fondo verde que, siendo completamente honesto, terminó destrozándome las córneas en más de una ocasión.

Eso no significa que el manga sea malo. Al contrario, creo que funciona porque está muy bien construido y reúne los elementos mínimos para mantener el interés: personajes con los que es fácil empatizar, un conflicto que, aunque muy explotado, sigue conectando con muchas personas, y un apartado artístico sobresaliente.

Mi mayor problema está en el ritmo.

Los capítulos cortos hacen que la lectura sea muy ligera, pero también sacrifican algo fundamental: la sensación de avance. Un ejemplo muy claro es el misterio sobre la identidad de Mitsuki. Considero que era un conflicto que podía resolverse en pocos capítulos para dar paso al verdadero atractivo de la obra: desarrollar la relación entre ambas protagonistas mientras exploran su pasión por la música.

En cambio, ese conflicto se estira hasta aproximadamente el capítulo veinticinco, prácticamente la mitad del primer tomo recopilatorio. Para mí, fue una decisión innecesaria que terminó ralentizando demasiado el inicio de la historia.

Ki ni Natteru Hito ga Otoko ja Nakatta es un manga que entiendo perfectamente por qué ha conquistado a tantos lectores. Tiene una identidad visual muy marcada, un dibujo excelente y personajes lo suficientemente carismáticos como para sostener la historia.

Sin embargo, a mí nunca terminó de enamorarme. Sentí que, detrás de toda esa presentación impecable, había una historia demasiado familiar y un ritmo que se toma más tiempo del necesario para llegar a donde realmente quería llegar.

Por ello, mi calificación es de 6.2 escudos de 10. Aprueba... pero apenas con la nota mínima.