Creo que este es el consejo que nadie quiere escuchar, pero es la verdad: si quieres mejorar tus libros, novelas o poemas, debes dejar de idealizar tu obra.

Está bien tenerle cariño, es completamente válido después de invertir tanto tiempo escribiendo.

Pero cuando llega el momento de corregir y editar, nos toca ser los padres estrictos que observan los errores antes que los aciertos, todo con el propósito de mejorar y dejarlo todo pulido para cuando nuestro trabajo vea la luz.

Así que recuérdalo: no te enamores de tu obra, conviértete en tu mayor crítico. Solo así podrás obligarte a crecer y alcanzar tu mejor versión como autor.